Desde la edad Media a la revolucion Industrial


En los siglos XVIII y XIX, cuando llegaron las maquinas de vapor que permitían el aserrado mecánico de los troncos, y cuando se introdujeron las técnicas de producción en serie para fabricar herramientas y componentes para la construcción, una gran parte de la población de Europa y Escandinavia dependían primordialmente de la madera disponible en su región para la construcción de sus hogares. Antes del siglo XVIII, los ladrillos solo se fabricaban en cantidades relativamente pequeñas y debido a su peso, su transporte a destinos más alejados también resultaba complicado, hasta que más tarde se construyeran las vías de los ferrocarriles. Por tanto, construir una casa con ladrillo constituía en gran parte un privilegio de los más ricos de la sociedad. De igual modo, aparte de aquellas zonas donde se disponía de la piedra adecuada, los elevados costes para extraerla de la cantera y transportarla también la convertían en un material de construcción confinado, en su mayor parte, la arquitectura religiosa y cívica, o a las mansiones de los aristócratas. La madera sin embargo seguía ofreciéndose en abundancia en casi toda Europa, las casa de madera tanto en su totalidad como en parte proliferaban en las zonas rurales y urbanas.